AIDS 2012: Profilaxis Preexposición (PPrE) - Truvada®

Dos sesiones presentadas en la XIX Conferencia Internacional sobre el Sida (AIDS 2012), celebrada la pasada semana en la ciudad de Washington (EE UU), exploraron algunos de los complejos factores implicados en la aplicación de la profilaxis preexposición (PPrE) dentro de las estrategias de prevención del VIH a gran escala.

En 2010 y 2011, se hicieron públicos los resultados de dos importantes estudios que revelaron que el uso de Truvada® (una combinación de emtricitabina y tenofovir en un único comprimido) por parte de las personas en alto riesgo de adquirir el VIH permitió reducir, en gran medida, la probabilidad de adquirir el virus, aunque de ningún modo proporciona una protección completa.

En el primero de estos estudios participó una población de hombres que practican sexo con hombres y mujeres transexuales y se observó que el empleo del fármaco supuso una reducción del riesgo de infección algo superior al 40% respecto al placebo. Por su parte, en el Partners PrEP participaron parejas heterosexuales y el estudio mostró que la utilización del fármaco como profilaxis preexposición redujo el riesgo de transmisión en un 75% en comparación con un placebo (véanse La Noticia del Día 29/11/2010 y La Noticia del Día 19/07/2011).

En julio de 2012, estos hallazgos llevaron a que la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés) se convirtiera en el primer organismo regulador en aprobar la ampliación del uso profiláctico de Truvada® [fármaco ya empleado como parte del tratamiento antirretroviral] en personas sin VIH (véase La Noticia del Día del 19/07/2012). 

Una de las grandes preocupaciones que plantea la utilización de la PPrE como intervención dirigida a poblaciones en situación de alto riesgo es que puede hacer que algunas personas cambien su conducta (lo que se conoce como “compensación de riesgo”) y, por ejemplo, dejen de lado otras importantes prácticas protectoras como el empleo del preservativo. También existen dudas respecto a la asequibilidad, aceptabilidad y capacidad de adhesión a estos regímenes. En especial, se sabe que la falta de adhesión puede tener un gran impacto en el grado de eficacia de la profilaxis con fármacos.

La Organización Mundial de la Salud declaró recientemente que no dispone de datos suficientes para determinar la viabilidad de la implementación de la PPrE y, en este sentido, está buscando las pruebas necesarias para poder redactar recomendaciones de salud pública relativas a esta intervención preventiva.

Uno de los estudios presentados en la conferencia se centró en el tema de la compensación de riesgo, entrevistando a más de 5.000 hombres que practican sexo con hombres (HSH) que eran miembros de una red social por internet de EE UU. En la encuesta se les preguntó sobre su posible comportamiento sexual en caso de que tomaran profilaxis preexposición.

La quinta parte de los encuestados consideraron que se reduciría su uso de preservativos para el sexo anal insertivo y el 14% pensaron que harían lo mismo en el caso del sexo anal receptivo. Los hombres que declararon mantener relaciones anales sin protección en los tres meses anteriores fueron más propensos a considerar que disminuiría su empleo de condones. Otros factores relacionados con el posible consumo de drogas y alcohol también se relacionaron con una previsión de la utilización de preservativos. Asimismo, tener una mayor percepción de estar en riesgo de adquirir el virus también estuvo relacionado con la posibilidad de utilizar menos los preservativos.

En otro estudio, también en EE UU, se entrevistó sobre este tema a 89 personas sin VIH cuyas parejas sí tenían el virus. Más de la cuarta parte de los entrevistados predijeron que, si estuvieran tomando la PPrE, sería más probable que mantuvieran relaciones sin protección con una pareja seropositiva. Una proporción similar consideró que tendría dificultades para tomar la PPrE de forma diaria y usar preservativos también de forma constante.

Los hombres fueron más propensos que las mujeres a relacionar la posibilidad de recibir la PPrE con un empleo irregular de los preservativos con una pareja seronegativa (cociente de probabilidades ajustado [CPA]: 10,43; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 2,67 - 40,79). Por su parte, los HSH fueron menos proclives a hacer esa previsión que los encuestados heterosexuales (CPA: 0,21; IC95%: 0,05 - 0,87).

Al igual que en el otro estudio, este señaló las prácticas de riesgo que la persona hubiera manifestado mantener en aquel momento como un factor posiblemente relacionado con el futuro comportamiento sexual en el contexto de la PPrE. La idea de que “ya no se necesita preservativo si tomo PPrE” fue hasta siete veces más probable entre los encuestados que afirmaron no haber utilizado condones en su última relación sexual.

En muchos entornos, las personas que más se podrían beneficiar de la PPrE no saben de su existencia, un factor que podría afectar a su aceptación, por lo que este tema también fue objeto de análisis.

Un estudio australiano analizó los resultados de una encuesta entre 1.041 HSH, de los cuales el 88% no tenían VIH, a fin de valorar la aceptación de la PPrE en esta población según estuvieran de acuerdo o no con diversas afirmaciones.

Las personas con y sin VIH coincidieron en considerar que la PPrE resultaba útil en la prevención de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana y también en que no era tan eficaz como los preservativos. Sin embargo, las personas que no tenían VIH fueron más tendentes a no considerar la toma del tratamiento antirretroviral como algo sencillo.

En el estudio australiano, tanto las personas con VIH como sin el virus coincidieron en pensar que el uso de PPrE “haría que la gente fuera menos responsable”, un dato que podría justificar las preocupaciones respecto a la compensación de riesgo. Por su parte, en otro estudio centrado en HSH de EE UU sin VIH o de estado serológico desconocido, se comprobó que a los participantes les preocupaba que la PPrE pudiera alentar un mayor comportamiento de riesgo en la población de hombres que practican sexo con hombres.

No obstante, en las dos sesiones también se consideró un aspecto alentador: el concepto de PPrE pareció generar unas respuestas en general favorables en poblaciones de estudio diversas. En un estudio que contó con la participación de HSH de Miami y Washington, se comprobó que (a pesar de que solo una pequeña proporción de estos hombres declaró que ya conocía la PPrE con anterioridad) más de la mitad de los participantes se mostraron dispuestos a usarla. No obstante, entre los participantes de Miami, el no haber consumido drogas inyectables en el último año se relacionó con una menor disposición a usar la PPrE, mientras que en la ciudad de Washington, la tendencia fue la contraria.

Por otra parte, se presentaron los resultados de otro estudio sobre la actitud frente a la PPrE entre HSH y mujeres transexuales de Tailandia, ciudad que ya había participado en el estudio iPrEx, motivo por el cual su nivel de conocimiento sobre profilaxis preexposición era bastante alto. Se les preguntó por su disposición a utilizar la PPrE si ésta mostrase una eficacia del 50%; alrededor de tres cuartas partes señalaron que era “muy probable” o “algo probable” que recurrieran a la PPrE.

Los factores relacionados con la disposición personal a emplear la PPrE no fueron los mismos para la población de HSH que para la de mujeres transexuales. La aceptabilidad fue mayor entre los hombre que tienen sexo con hombres que presentaban un historial previo de infecciones de transmisión sexual y entre aquellos que mostraron una gran confianza en su capacidad para tomar medicamentos de forma diaria durante un año. En el caso de las mujeres transexuales, los principales factores relacionados con la voluntad de usar la PPrE fueron el conocerla con anterioridad y tener un seguro privado.

Otra diferencia fue que, dado que muchas de las mujeres transexuales estaban tomando hormonas femeninas, fueron más propensas a mostrar su preocupación respecto a las posibles interacciones de la PPrE con otras medicaciones.

En conjunto, los estudios presentados apuntan a que las personas en riesgo de adquirir el VIH muestran una respuesta muy heterogénea en relación con la posibilidad de emplear la profilaxis preexposición, lo que sugiere la necesidad de más estudios en distintas poblaciones y subpoblaciones.

Miguel Vázquez - 01/08/2012 - La Noticia del Día

Fuente: Aidsmap.

Referencias: Metsch L, et al. Willingness to take daily pre-exposure prophylaxis (PrEP) among MSM in two HIV epicenters in the United States. Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUPDC0301, 2012.


Tripathi A, et al. Perceptions and attitudes about PrEP among seronegative partners and the potential of sexual disinhibition associated with the use of PrEP. Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUPDC0302, 2012.

Underhill K, et al. Project PrEP Talk: an in-depth qualitative analysis of PrEP acceptability, expectations and risk compensation beliefs among United States MSM. Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUPDC0306, 2012.

Holt M, et al. HIV-negative and HIV-positive gay men’s attitudes towards antiretroviral-based prevention: similar attitudes to pre-exposure prophylaxis (PrEP) but greater skepticism among HIV-negative men about “treatment as prevention.” Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUAC0301, 2012.

Krakower D, et al. Anticipated risk compensation with pre-exposure prophylaxis use among North American men who have sex with men using an internet social network. Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUAC0302, 2012.

Yang D, et al. Acceptability of HIV pre-exposure prophylaxis (PrEP) with Truvada among men who have sex with men (MSM) and male-to-female transgender persons (TG) in northern Thailand. Nineteenth International AIDS Conference, Washington DC, abstract TUAC0303, 2012.

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